Si estas seguro, quema los barcos
Una de las formas de vida más peligrosas es la que se
basa en un “Por las dudas”, una manera que parece preventiva pero que todo el
tiempo nos hace vivir atentos a otras posibilidades. La vida es dinámica,
siempre que abrimos una puerta se abren miles de posibilidades, esto es algo
favorable para quienes viven la libertad como una ventaja o beneficio. Pero
para lograr vivir haciéndonos cargo de la libertad que tenemos hay que tomar
muchas decisiones y esto para muchos es un peso.
Hay dos maneras de pensar el por las dudas, un por las
dudas atrapado en lo que ya se y un por las dudas dudoso de lo que aún no se. En
general trabajan en conjunto, cuando podemos lidiar con uno, es el otro el que
toma fuerza. ¿Cuál es el objetivo? Mantenernos dudosos y sin hacer. Si lo que
se no me gusta, pero tiene cosas buenas, por miedo a perder esas cosas buenas
no tomo decisiones. Y si lo que no se parece prometedor, pero no es real aun,
prefiero quedarme en lo viejo conocido, por más que no me guste tanto. Hay quienes
creen que para tomar una decisión hay que estar 100 por 100 seguros, es así
como probablemente no puedan nunca tomar una decisión.
Somos capaces de aguantar y adaptarnos, es una ventaja y
un peligro. Sumado a esto que solemos renovar nuestras esperanzas muchas veces
sin bases claras, simplemente elegimos seguir confiando que algo cambiará, que
algo se moverá, que en ese lugar donde ya vivimos 10 veces lo mismo, la vez
numero 11 será distinta. Postergamos así cualquier toma de decisión, por las dudas
que algo cambie, por las dudas que lo que viene no sea tan bueno.
Si para irnos tenemos que llevar nuestras esperanzas al límite
y llegar a dejar de aguantar, estamos eligiendo (consciente o inconscientemente)
tocar fondo. Este mecanismo de toma de decisión es peligroso, porque
reaccionamos, nos movemos y tomamos una decisión cuando ya no queda otra opción.
Las señales están a la vista, comienzan más leves y se vuelven más fuertes,
pero generalmente son señales claras que elegimos tapar o que decidimos no ver.
Pero ahí nos quedamos, aguantando, esperanzados que algo se moverá por arte de
magia. Muchas veces nos contamos una historia donde la única chance que tenemos
es seguir ahí, nos encerramos y no vemos ninguna otra posibilidad real más que
seguir ahí. Parece que sabemos dónde nos llevara ese camino, pero, aun así, no
salimos, no pegamos un volantazo, simplemente seguimos ahí hasta tocar fondo.
La seguridad no está en saber cómo van a ser las cosas,
sino en confiar que merezco algo diferente, confiar en que puedo construir algo
diferente, confiar en que puede haber muchos otros diferentes. Entonces, cuando
hablamos de seguridad personal, hablamos de confianza. ¿Cómo construimos esta
confianza? Para mí la manera más clara es desde las experiencias, pasando por
situaciones diferentes que me permitan verme a mi diferente. Pero esto tiene un
punto clarísimo en esta construcción, si después de vivir de una forma, quiero
empezar a vivir de otra, la transición puede ser difícil.
Hace mucho tiempo trabaje en un equipo de salud con
profesionales de otras áreas de la salud y en una charla que dábamos con una nutricionista
sobre hábitos ella decía que para reconocer el sabor real de algo un bebe puede
necesitar hasta 15 veces de comer ese algo para terminar de identificar y
reconocer el sabor real. Es un ejemplo simple y natural, pero súper grafico
para identificar lo necesario de la repetición de ciertas experiencias. Usemos otro
ejemplo simple, si estamos acostumbrados a escribir con nuestra mano derecha y
decidimos empezar a hacerlo con nuestra mano izquierda las primeras veces el
resultado será raro. No nos saldrá lindo, rápido y fácil como si nos sale con
la mano derecha. Si este cambio es consciente y elegido, entonces el transito también
debe ser consciente y elegido, sabiendo que no voy a encontrar el resultado que
quiero o me gustaría rápido.
Imagínense entonces tomar la decisión de cambiar de
manera significativa un habito o una forma de vida, pero teniendo presente un
plan b “POR LAS DUDAS”. La toma de decisión no se presenta segura, si no que
nos mantiene atentos a una opción b continua. En el ejemplo de cambiar la mano
con la que escribo, puede que aparezcan miles de situaciones donde dude y en
esa duda el plan b gana lugar. Al tercer o cuarto día de empezar a escribir con
la mano menos hábil me encuentro con la situación de tener que escribir una
carta a alguien, una situación rara que me genera desconfianza, no me siento
preparado aun para hacerlo con la mano menos hábil entonces decido rápidamente hacerlo
con la mano hábil, la misma que use siempre. Por miedo a que el otro no me
entienda, por miedo a que la carta sea larga y hacerlo con la mano menos hábil me
lleve mucho tiempo o me canse.
Estas situaciones aparecen mucho en los intentos de
cambios de hábitos o formas de vida. Decidimos intentar algo nuevo, pero a los
pocos días una situación nos lleva a pensar de manera negativa, desconfiar de
nosotros o de lo que estamos intentando y volver a lo viejo, por las dudas.
La frase que le da título a este escrito “Si estás
seguro, quema los barcos” tiene un gran sentido para mi pensando en esta toma
de decisión real, con un objetivo claro. Lo que interpreto yo es que al elegir
quemar los barcos no hay una opción fácil de volver atrás, no hay un por las
dudas. Llegue acá en barco, elijo quedarme, quemo el barco y pierdo una opción fácil
de irme.
Si la opción de volver a lo viejo está a mano, todo
momento crítico puede hacernos volver. Además de ser consciente, elegir y tener
la voluntad, a veces para lograr un cambio necesitamos quemar los barcos.


Comentarios
Publicar un comentario