Confusa incomodidad
Me encanta el concepto de incomodidad, cualquier proceso de movimiento, cambio y/o crecimiento tiene algo de incomodidad. Pero también soportar las formas de otras personas puede ser incómodo. Por eso digo que es confusa la incomodidad.
Quien hace terapia elige una forma de incomodarse, lo
mismo quien va a un gimnasio pretendiendo entrenar. Hay algo de esfuerzo, algo
de molestia, en busca de un resultado. Podríamos ver esta incomodidad como una
INCOMODIDAD POSITIVA, somos conscientes y elegimos incomodarnos en búsqueda de
algo mejor, muchas veces sin saber cómo va a ser exactamente ese proceso, pero si
entendiendo que la incomodidad que puede generarnos está pensada como parte de
un proceso de mejora.
¿Cuál sería entonces la INCOMODIDAD NEGATIVA? Para mí,
aquella incomodidad que vivimos ocasionada por otros y que no ponemos limites o
no podemos corrernos de ahí. En general, la pienso como aquello que creemos
menos peor, es decir, no elegimos lo mejor para nosotros, elegimos lo que
consideramos menos malo, pero sabiendo que estamos eligiendo algo malo. No hay
un deseo de crecimiento detrás de eso, hay un deseo de aguante. Cuando creo que
mis movimientos o mis palabras pueden ocasionar una desgracia, entonces elijo el
silencio y soportar. ¿Estoy incomodo? Claro que sí. ¿Estoy cambiando,
creciendo? Claro que no.
Por supuesto que la vida está compuesta por ambos tipos
de incomodidad, sería idealista pensar que solo vivamos situaciones de incomodidad positiva. Lamentablemente muchas veces podemos vernos en
situaciones donde lo máximo que podamos hacer o elegir es soportar, aguantar
y/o sobrevivir.
“Lo que sucede conviene” es una frase que hace un tiempo
se repite. MI interpretación sobre esa frase es que hay que dejarse atravesar por
lo que pasa, pero siento que, pensado así, nos quita protagonismo en el armado
o construcción de nuestra realidad. Por supuesto que no somos capaces de
controlar todo, hay un gran porcentaje de las cosas que están fuera de nuestro
alcance. La suerte, el universo o Dios, depende las creencias que podamos tener
llamaremos esta parte fuera de nuestro control como eso. Pero sería de necios
dar por sentado que no tenemos algo de intervención en la construcción de
nuestra propia realidad, para mi si la tenemos y en una gran medida.
Si caminando por la calle me cruzo con un desconocido que
me regala un libro de mecánica automotor, ¿es un guiño del destino? Puede ser,
pero queda en mi responder a ese destino. Son miles las opciones, seguir
caminando y regalárselo yo al próximo desconocido que cruce, llegar a mi casa y
usarlo de apoya pava, leerlo y convertirme en un mecánico automotor y miles
más. No es solo lo que sucede, es lo que podemos o elegimos hacer con eso que
sucede, es ahí donde podemos dar giros a la historia, es ahí donde nos
convertimos en piezas claves en la construcción de nuestra realidad.
Si la incomodidad con la que decido vivir es la
incomodidad generada por soportar, aguantar o convivir con formas ajenas que no
me suman, que no elijo, que no me gustan, estoy siendo parte de una construcción
de realidad de una manera sumamente pasiva. Algunas creencias religiosas hablan
del paraíso como el final del camino, donde quienes se sacrificaron serán premiados.
Si decido soportar la incomodidad sin elegir, de manera pasiva, esperando ser
premiado al final del camino, puedo vivir una realidad mala sin hacer nada para
que cambie, esperando que por arte de magia cambie al final. Puede ser una combinación
sumamente peligrosa. El miedo a que mis acciones generen una debacle me lleva a
mantenerme pasivo frente a una incomodidad no elegida ni positiva, pero esperando
que de manera milagrosa esa pasividad tenga un premio en algún momento.
La verdadera libertad para mi es saber que hasta en las
peores situaciones podemos elegir que hacer. A veces, una elección más simple
apuntando al deseo de crecer, expandirnos y aprender. Otras veces una elección más
complicada, pensando en la posibilidad de elegir lo que consideremos menos
dañino, menos grave o menos peligroso para nuestra supervivencia.
Hay una frase que repito seguido: “Cometamos errores
nuevos”. Quien la lea con cierto nivel de exigencia pensara que mejor no
cometer errores, pero a lo que realmente apunto con esta frase es a no volver a
vivir la comodidad de los errores conocidos, esa es la peor de las trampas. Mantenernos
en un loop donde pasamos por las mismas situaciones, repitiendo el mismo error,
porque ya sabemos cómo es, en vez de permitirnos movimientos diferentes que
como resultado puedan traer errores nuevos. Ojo, muchas veces los nuevos
movimientos no traen nuevos errores, traen grandes aciertos.
Manuel Varine



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