Bailar en el boliche, leer en la biblioteca
Una de las problemáticas más comunes que se presentan hoy
tienen que ver con el contexto versus el deseo. Muchas personas reconocen a través
de trabajos terapéuticos deseos, intenciones o búsquedas de cambio que les gustaría
intentar, pero no reconocen la importancia de los contextos y las personas que
nos rodean. Si mi grupo de amigos tiene por costumbre salir a bailar en
boliches donde las luces están bajas y la música muy alta, no puedo pretender
empezar a leer si no me animo a cambiar de contextos. Si por el contrario mi
costumbre es ir a sentarme en una biblioteca con auriculares sin cruzar palabra
con nadie, concentrado en la lectura, no puedo pretender conocer gente o
socializar.
Si bien los ejemplos son burdos y básicos, la intención es
que sirvan para descubrir la conexión directa entre quien soy, donde voy y
quienes me rodean. “Cuéntame con quién andas y te diré quien eres” y podríamos decir
“Cuéntame que lugares frecuentas y te diré quien eres”.
Hace muchísimos años, sentado en sesión como paciente, le
dije a mi terapeuta de ese momento “Quiero cambiar, quiero que los resultados
sean distintos, pero no quiero que cambie mi entorno o los lugares donde voy”. En
el consultorio había muchos estantes con libros y me dijo. “Si sacamos un libro
cualquiera, seguramente haga que otros se muevan, se caigan o algo cambie”. No hay
chances de movernos nosotros sin que nada se mueva.
Una de las formas de control con la que solemos chocar tiene
que ver con la intención de que nada se mueva, que nada de lo que me rodee se
ponga en riesgo. Este control por supuesto viene de manos del miedo que me
genera pensar que mis movimientos hagan que algo a mi alrededor se rompa, se
caiga o se mueva. Entonces elegimos hacer movimientos que encuentran limites
muy chicos, es decir, entiendo que quiero cambiar y hago un intento de cambio,
pero el “techo” o el limite está muy cerca porque no estoy dispuesto a que nada
de mi alrededor se mueva, no estoy dispuesto a correr riesgos.
Cuando las problemáticas son graves (adicciones, por
ejemplo) a una de las cosas que se apunta fuertemente es a la construcción de
nuevos vínculos, la construcción e nuevos hábitos que nos lleven a transitar,
visitar o construir nuevos espacios. Por más voluntad que una persona tenga, el
contexto y las personas que la rodean son determinantes a la hora de pensar
cambios significativos.
Quien no esté dispuesto a poner en riesgo aquello que lo
rodea entonces no podrá pensar en cambios significativos reales. Liberarnos de
los limites nos lleva a encontrarnos con opciones realmente diferentes y lograr
así cambios importantes. Un pequeño spoiler, la mayoría de las veces las
consecuencias no son tan graves como nos imaginamos. Los vínculos que nos
atemorizaba romper, pueden no romperse y tomar otra forma y si se rompen
entendemos que entonces no era vínculos profundos, sino vínculos sostenidos por
formas o lugares.
Es determinante darle tiempo a lo nuevo, porque no vamos
a encontrarnos realmente conectados con eso nuevo que estamos haciendo en poco
tiempo. Cuando deje de comer carne una nutricionista me dijo “No busques el
sabor a carne en otras cosas, simplemente permitite encontrar y disfrutar nuevos
sabores”. Quien este muy acostumbrado al boliche las primeras veces en una
biblioteca le parecerán aburridas, lentas, horribles. Pero pasados los días conectara
con formas, hábitos y partes de sí mismo que no conocía y que pueden traer
muchas cosas nuevas, buenas e interesantes.
Permitirnos poner en riesgo aquello a lo que estamos
acostumbrados y darnos tiempo en cosas, formas, lugares, personas nuevas va a
traer versiones nuestras totalmente desconocidas, que nos darán más
herramientas y nos permitirán conocernos cada vez un poco más.



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