NI UNA MENOS
En algún momento los medios titulaban como “crimen
pasional” a aquellos casos donde un hombre lastimaba y/o mataba a su pareja. Se
buscaban explicaciones apoyadas en alguna idea de desborde de pasión, como si
eso explicara una forma violenta o agresiva de trato. Se coqueteaba con ideas más
románticas donde parecía que por amor alguien podía llegar a cometer locuras.
Con el correr de los años aprendimos que el amor no hace
mal, que lo que hace mal es otra cosa, aunque quien lo explique use el amor
como excusa. Lo que hace mal son las ideas posesivas e la construcción vincular,
el control desmedido y la violencia en cualquiera de sus formas. Nada tiene que
ver esto con el amor real, sano y constructivo.
Pero lamentablemente aún queda muchísimo por cambiar en
nuestra sociedad, los casos de FEMICIDIOS no paran, los hombres siguen matando
mujeres. Y ya nadie titula crimen pasional, pero si aún hay quienes creen que
las formas de una mujer son cuestionables, como se vestía, como caminaba, que
fotos subía a sus redes o con quienes se juntaba. Como si algo de eso fuera más
importante que condenar a cada varón que lastima y mata, como si aún un hombre
pudiera ejercer (directa o indirectamente) un control de la mujer y llevar esto
a limites extraordinariamente insanos como la violencia en cualquiera de sus
formas.
Cuando creíamos (algunos como yo) que serían las nuevas generaciones
las que vinieran mejoradas en sus formas, hoy hombres viejos o jóvenes siguen
actuando de manera aberrante, peligrosa y condenable. No importa la edad, los
agresores van desde señores grandes, hasta jóvenes adolescentes que recién inician
caminos vinculares. Así que el cambio no vendrá de generaciones que vienen, el
cambio depende mucho de todo lo que hagamos hoy.
Hace 22 años que empecé a estudiar psicología y era
reconocida por ser una carrera que la elegía mayoritariamente las mujeres,
curse en dos facultades donde los varones éramos minoría en el aula. Entre mis
conocidos siempre fue bajo el número de hombres que elegían hacer terapia. Cuando
comencé a atender, hace 14 años, nada de esto había cambiado, al consultorio llegaba
1 varón por cada 8 mujeres. En mi trayecto como terapeuta en consulta, en
talleres y charlas dadas, siempre el número de consultantes mujeres supera
ampliamente el número de consultantes hombres. En mis participaciones en
espacios terapéuticos, espirituales, emocionales, lo mismo, somos muchos menos
los hombres.
Siempre digo que es más fácil que a terapia llegue quien
es víctima que quien es victimario. No llega quien lastima, sino quien es
lastimada/o. Aun, lamentablemente, es más común encontrarnos con muchas personas
(mujeres) con ganas de sanar, que con personas (hombres) con ganas de revisar
sus formas.
Si bien se ven mujeres ocupando lugares importantes y de
toma de decisión, aún siguen siendo menos en cantidad que los hombres que
ocupan estos lugares. Hace unos días recorrió los portales de información una
foto del equipo de trabajo del fiscal a cargo de la causa del femicidio de
Agostina y eran todos hombres.
Mientras convivamos con alguna manifestación explícita o implícita
de disparidad, desigualdad entre mujeres y hombres, donde los hombres sigan creyéndose
superiores a las mujeres o con derechos por encima de los de las mujeres,
entonces socialmente no lograremos contener, frenar o modificar estos casos gravísimos
de violencia y asesinato.
Un contexto que facilite, fomente o tome con liviandad y gracia
ciertas expresiones machistas, no hará más que dar paso a los desbordes de
personas capaces de llegar a acciones extremas insanas y peligrosas. Una justicia
que no castigue con fuerza, que aliviane o hasta favorezca a los femicidas no hará
más que dar libertad a quienes crean que la violencia es la forma de resolución.
A 11 años del primer “NI UNA MENOS”, algunas cosas han
mejorado, pero no lo suficiente como para dejar de lamentar víctimas. ¿A qué
mujer tienen que lastimar para que te conmuevas y luches por esto?
Lic. Manuel Varine


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