No hay pero ciego que quien no quiere ver
Una de las cosas más importantes a pensar si queremos
algo diferente, es que tanto podemos ver por fuera de nuestro marco, por fuera
de aquello que ocupa nuestras charlas, nuestras noticias, nuestras formas,
nuestras creencias y nuestros pensamientos.
Suele ser difícil ver, observar o registrar lo pequeño,
nos es más fácil hacerlo con cosas grandes. Pero la mayoría de los cambios que
vivimos comienzan de manera pequeña, de menos a más. Si bien existen
movimientos más bruscos que otros, en la mayoría de los casos los movimientos
suelen ser de menos a más, pero no solemos registrar estos movimientos hasta
que tienen una dimensión importante.
Hay un truco increíble en esta construcción de lo que
vemos, muchos creen que lo que vemos es lo que creemos, pero lamento informarles
que muchas veces lo que vemos solo viene a reforzar aquello que creemos. Es decir,
vemos de manera sesgada, vemos lo que llega para alimentar nuestras creencias,
entonces lo que vemos sirve para que no cuestionemos aquello que creemos y
sigamos el mismo camino, creyendo lo mismo, pensando lo mismo y haciendo lo
mismo.
Uno de los poderes más grandes con el que nos toca luchar
muchas veces es el poder de lo conocido. Nos acostumbramos a algo y eso gana
fuerza, salir de ahí puede ser sumamente difícil porque eso que conocemos toma
poder y ese poder les gana a formas diferentes a las conocidas. Si mis creencias
sostienen mis costumbres, entonces cambiar mis creencias, cambiaria mis
costumbres. Si ver cosas diferentes me llevaría a pensar diferente, a creer
diferente entonces también se moverían mis costumbres. Si no la vieron se las
recomiendo, pero algo así sucede en The Truman Show. Costumbres, creencias, que
no se cuestionan durante mucho tiempo, nada diferente para ver. Cuando Truman
empieza a cuestionarse esto, investiga, sale de lo conocido y descubre una gran
verdad, lo conocido era ficticio.
El poder de lo conocido entonces, se sostiene por varios
motivos, pero uno de ellos (para mi sumamente importante) es el de impedir
cualquier prueba que pueda mostrar algo diferente a lo que veo, pienso y creo. Es
aquí donde, en general de manera inconsciente, no solemos ver más allá de lo
que nuestras costumbres no permiten ver
Las costumbres y creencias pueden tener bases “hereditarias
o aprendidas” y “propias experiencias”. En general nuestra primera forma de ver
el mundo siempre está atravesada por los adultos que acompañen nuestros
primeros pasos, entonces esa visión, creencias y costumbres, son las que llamo
hereditarias o aprendidas. Las propias experiencias son las que alimentan y
confirman estas creencias o las que echan por tierra estas creencias y
costumbres. Lo importante de las propias experiencias entonces es que se salgan
por fuera de lo que estamos acostumbrados a ver, propias experiencias que
surjan desde la curiosidad, la prueba, el corrimiento de lo conocido o
aprendido.
Muchos de los cambios que tanto anhelamos para nosotros
de manera individual o social, pueden estar sucediendo o comenzando hoy,
delante de nuestros ojos, pero no los podemos ver si nos quedamos solo viendo
lo que conocemos. El registro o reconocimiento puede llegar en un tiempo,
cuando eso pequeño crezca y así poder verlo, pero el problema que aquí se
presenta es ¿puede algo que no vemos o registramos crecer naturalmente? A veces
sí, pero muchas otras veces no. Muchos de esos cambios quedan truncos o “mueren”
en el camino sin ser aun registrados. Por eso es importante que nos animemos a
ver más allá de lo conocido, que podamos registrar y dar importancia a cosas
pequeñas, ayudando a que crezcan y dándole valor o entidad, aunque aún estén en
etapas iniciales de proceso.
Lic. Manuel Varine



Comentarios
Publicar un comentario